viernes, 28 de julio de 2017

Casas


La casa sigue supurando recuerdos, en el comedor gotea memoria el sofá que diseñó tu abuelo, destilan en el porche las sillas de reuniones, en la cocina las ollas de tantas comidas conjuntas, en los dormitorios los miedos de las noches de infancia, la música de tu adolescencia, colgados por las paredes los platos de tantos viajes.
Es la casa que te ha visto crecer cada verano, casa de los afectos de tus abuelos, de las conversaciones de  tus tíos y de tu madre y de los juegos de tus primos, de la sequedad de la Sra. Marina .Y ahora intentas retenerla para que siga acumulando instantes y permanezca como las otras casas con los planos intactos en tu  memoria.
Tantas casas que aun conservas inamovibles. Inalterables al tiempo en tus neuronas y que aun recorres a ratos cuando te da por coleccionar los espacios que te vieron crecer y que no se apagan pese a que ya las dejaste hace tiempo.

Podrías hacer los planos de cada una, pasearte y comprobar la consistencia imaginaria de sus muebles, sus colores, sus rincones, de momento aun puedes pasear algunas y seguir recorriendo su memoria acumulada, para que cuando las dejes, como las otras,  supuren su consistencia irreal con más viveza.

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