miércoles, 24 de octubre de 2018

Una abuela

Arruga la memoria, se queda con los pliegues que sobresalen como hitos y olvida la hondonada que se sumerge, y así avanza despacio con lo que sobresale que no siempre es lo más importante, a veces son detalles, la nube, el cazo, tu sonrisa o ese pelo que se retuerce y sobra. Camina despacio, sin contar los pasos, y se plantea naufragios, está cansada, le sobran grietas y decepciones. Novedades incomprensibles como internet o la realidad aumentada, la posverdad o esas palabras en otro idioma que no comprende y que vomitan como virutas de hierro los presentadores, y ese agacharse a atarse los zapatos o subirse al taburete. Va reduciendo los sueños, , ya no quiere más y se sumerge en la noche con esperanzas de no despertar, descansar y volver con los suyos, sus colores, sus puntadas, sus bordados o bolillos, sus rayas al medio, sus trenzas o crucetillas. Ya no busca, la realidad se ha vuelto espesa y ella se dobla, cada vez más pegada al suelo, mas enfadada con la vida que la estruja y constriñe, y quiere ser nube o raíz, está cansada y gruñe a veces. Poco a poco se va evaporando, cada vez más delgada y seca, más agrietada y menguada, se tiene que poner crema para conservar la humedad. Hasta que un día le huye la vida como un tic tac de reloj estropeado, empieza a atrasar y al final se para hasta quedar rígida y ausente. La maquinaria se ha atascado y se para. 
El recuerdo quedará en sus nietos y en sus hijos, cuando aún era ese huracán que todo lo movía, que todo lo preparaba y preveía, organizaba y disponía, ella tan hormiguita tamaño humano, tan laboriosa y enérgica se evaporó como el agua dejando un caparazón mustio, pero queda su memoria y sus cosas que ella tan previsoramente repartió unos años antes de devenir nube.

viernes, 12 de octubre de 2018

Miradas

Ella buscaba en las baldosas el sentido de la vida. Los pasos lentos, la cabeza gacha. Las noches largas, la vida corta, mañanas iguales, tardes insignificantes. 
Una noche vio reflejada una estrella en un charco, y se enamoró de ella. La fotografió, la enmarcó y la llevó siempre consigo. Pasado un tiempo con su tesoro, lo quiso compartir con un amigo y este le indicó el cielo estrellado, desde entonces solo mira hacia arriba buscando su luz fosforescente. Ahora  no ve por dónde pisa con los ojos vueltos hacia el firmamento, tropieza a menudo, pero siente que la guía una luz a la que se siente atada.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Depresión

Salir a pasear alivia tu depresión, ya sabes que el ejercicio es bueno para las endorfinas, mira el cielo, el sol es luminoso, no todo es tan gris como lo ves ahora y ves que erguidas están las torres geme.., es un avión, un avión ¿Un avión?, que…¡corre, corre que se nos caen encima, vamos, respira!¡corre!

domingo, 9 de septiembre de 2018

Gafas de ver

Fue al oculista y tras esperar en la consulta durante más de una hora el médico le recetó unas gafas graduadas, y con ellas puestas lo vio todo mas claro, la cara de peluche desgastado de su marido, la soberbia de su hija que tapaba con quilos de maquillaje las lágrimas monótonas de un matrimonio aburrido, el vacío de su hijo acumulando gadgets electrónicos que compraba y vendía a china sin ton ni son. En definitiva, el precipicio de una madurez que se le venía encima con color de piscina sin agua, melodrama de película barata y sin imaginación . Ante esa frialdad de la realidad  y tras una semana de ver el moratón de la vecina y el color rojo vino barato de las mejillas de su suegra cada vez mas delgada, decidió quitarse las gafas. Fue una decisión sabia porque así eludió también el polvo acumulado en los muebles y la grasa del extractor y empezó  a sumirse en una nube rosa de recordarse de niña soñando ser una científica que viajaba en roulotte por todo el mundo haciendo experimentos, y se vio con su madre dándole el beso de buenas noches mientras la endulzaba con un bolero susurrado a media voz. Su marido volvió a ser esa imagen indefinida que le provocaba ternura. A sus hijos los aceptó como eran  ya que  como adultos poco más podía hacer por ellos mas que esa comida insulsa y mal cortada que le salía los domingos, eso sí adornada con la sonrisa mas dulce que le había dejado el quitarse las gafas y ver solo nubes blandas.

lunes, 27 de agosto de 2018

Amigos

Adolfo busca los utensilios que necesitará, Caña, botas impermeables, gusanos para el anzuelo, chaleco para guardar los aparejos y se prepara para encontrar el sitio perfecto en el que ubicarse.
Juan en su casa se mira al espejo, se afeita y busca su camisa más cool, los vaqueros que mejor le quedan, se pone perfume, busca la cartera y mira en el Facebook el bar con el concierto que más le apetce.
Adolfo coge el coche y se aleja de la ciudad, sube a la montaña y va hasta un recodo del río, escoge el mejor meandro, allí dónde los peces nadarán con más tranquilidad, dónde hay algas en las que puedan comer, dónde las rocas le dejen hundir las botas seguras frente a las corrientes.
Juan se sube al auto y se acerca, busca aparcamiento, se baja del coche de color llamativo y se acerca al concierto, busca la mejor ubicación, dónde pueda mirar y le miren, donde abarque mejor el campo de visión y se dispone a escuchar al grupo de moda con pose despistada.
Adolfo pone el gusano en el anzuelo y extiende la caña, le toca esperar a que pase el pez que picará el cebo, mira el reloj.
Juan mira a su alrededor, ve en una esquina una chica atractiva, la mira y espera a que le devuelva la mirada, se acerca y saca un cigarro, lo enciende y vuelve a mirar
Adolfo espera pacientemente, piensa en su vida, en el curso del río, en la soledad.
Juan vuelve a mirar a la chica, piensa en su tiempo, en la letra de la canción en el bamboleo, le ofrece fuego a la morena cuando ve que va a encender un cigarro, le pregunta si le gusta la música soul.
Adolfo comprueba que algo tensa la caña, recoge el sedal poco a poco para que no se le escape la pieza.
Juan sonríe, la chica se mueve y sonríe también, suave como la música, Juan le pregunta si no le apetecería una copa en un sitio mas apartado y ella le dice que está con unas amigas, pero que otro día puede ser .
Adolfo recoge más sedal y al final ve el pez emerger del agua fría, salpicando, revolviéndose  enérgico.
Juan le pide el teléfono, la chica se lo da y él le hace una llamada perdida, baila con el grupo de amigas, sonríe, coge a Rosa por la cintura
Adolfo atrapa el pez, le quita el anzuelo, lo guarda en la cesta
Juan intenta besar a Rosa y ella sonríe y le dice que va muy rápido, se aparta, vuelve a sonreir, baila con él.
Adolfo vuelve a poner el cebo en el anzuelo y lanza la caña de nuevo a esperar.
Juan le pregunta a la chica que tipo de música le gusta, cuantos años tiene, se bambolea con ella, cuando acaba el concierto le dice que la acompaña a su casa.
Adolfo espera mirando las ondas del río, otro pez ha picado, esta vez mas grande, ve como sacude el anzuelo haciendo ondas en el agua, salta y se retuerce.
Juan acompaña a Rosa hasta su casa, la besa en el coche, le dice que la llamará mañana, ella se baja del coche y ella le tira otro beso.

Adolfo coge y guarda la cesta, comerá mañana el truchón al mediodía, al horno con base de cebolla, como Juan cuando le llama y ambos comentan la magnitud de la presa.

jueves, 9 de agosto de 2018

Apartarse


Se encierra como un erizo mostrando sus púas cuando un revés le siega las esperanzas, y tú que querrías que te contara, para protegerle y consolarle, para arroparle, solo recibes silencios, no contesta al móvil, no responde, desaparece y se sumerge en su dolor. Y tú sabes que cuanto más se aleja más le hiere, más rumia sus carencias. Quizás no seas de mucha ayuda pero te gustaría que compartiera, que consultara, quizás entre dos fuera más fácil buscar alternativas, pero su coraza es dura y a ti te queda el pesar de verle alejarse, ovillado, retraído, ausente, sabiéndole dolido y frágil. Pero por mucho que llames no te deja entrar. Puerta clausurada. Hasta que recobre el ánimo o asuma el presente con sus zonas oscuras.

sábado, 4 de agosto de 2018

Veleros

El niño que jugaba con barcos, luego coleccionará bajeles y se sabrá el nombre de cada tipo de navío, leerá libros sobre naves que surcan aguas, se dejará llevar por la vela hinchada y hará de grumete, más tarde llevará el timón, hasta que se saque el título y pueda izar las velas para navegar cada vez más lejos. Recorrerá islas y calas, escollos y costas. Escogerá las novias que no se mareen a bordo, se gastará sus primeros ahorros en arreglar el barco y soñará con tener un velero más grande para surcar otras aguas.

Te admirará por su perseverancia y pasión, tú en cambio soñabas con letras y le escribirás mares para que a él no le falten las olas en las que mecerse ni los vientos favorables que hinchen sus velas, aunque sea en el papel, es lugar seguro en el que uno no se moja ni depende de los vientos.