viernes, 21 de julio de 2017

Sobriedad



Sobria de tus caricias, sin síndrome de abstinencia porque ya hace tiempo  que te asumo distante, ya no me tiemblan las manos cuando te pienso, ya no veo fantasmas cuando me faltas, quizás sea hora de buscar otras caricias que me embriaguen, otras palabras que me hagan temblar,

jueves, 15 de junio de 2017

Marinero

Amaba el mar con una pasión duradera, desde niño coleccionaba palabras de barcos: jarcia, defensa, mástil, babor , estribor… Haba ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽a un museoias y manuales hasta dominar como nadie ese vocabularioestos ya no importabande abogado veeros, sin embargo ía rebuscado en novelas y manuales hasta dominar como nadie ese vocabulario .
También tenía una extensa colección de navíos en miniatura, de madera,  con los que se pasaba tardes  enteras montando piezas diminutas . Su casa era un museo.
Le gustaba hablar con los marineros y comentar sus aventuras, se acercaba al puerto y entablaba largas conversaciones o en los bares que frecuentaban los pescadores.
Sin embargo el mar le daba un miedo atroz y se mareaba nada mas pisar cubierta, por lo que se convirtió en un marinero de secano que amaba tanto el mar como miedo le  tenía..
Escuchaba historias de naufragios y  se afirmaba en su temor , de modo que desde su ventana  de abogado, en tierra firme, veía los barcos partir, y pese a ver su belleza no los pisaba.

 Hasta que ya de mayor cuando murió pidió que lanzaran sus cenizas al océano y por fin pudo fundirse con sus miedos cuando estos ya no importaban

lunes, 29 de mayo de 2017

Agua

Vino del desierto, de las jaimas , las dunas de arena y el sol impenitente La acogimos en Palencia unos meses. Era pequeña y dulce como el té Saharaui de su tierra, tenía ocho años. Jugó con mis hijos a correr y a saltar, a bañarse en la piscina.
Antes de volver a su país le preguntamos que quería llevarse de España, nos imaginamos que sería aquella muñeca que tanto le gustaba o el camión de juguete del que no se separaba, pero no, su respuesta fue una sorpresa, nos dijo que quería llevarse el grifo, ese grifo del que manaba agua, el grifo de beber y lavarse sin tener que andar hasta la fuente como hacía en su tierra, el grifo que llenaba la piscina y  regaba el verde del jardín frente a la arena yerma de su Sahara.
Porque el agua es vida, nos sacia y hace crecer plantas, lava la ropa y nos llega desde los pantanos por tuberías que nos acercan el líquido hasta casa, a la cocina y el baño, pero solo en algunos sitios.

Ahora , cuando me demoro en la ducha me acuerdo siempre delFatima y deseo que algún día puedan regresar a la zona ocupada por marruecos donde también el agua fluye por los ríos y hace crecer el verde, y que el campamento seco y árido solo sea un transito corto hacia el agua, que todo fluya como el líquido que ella tanto apreciaba.

lunes, 22 de mayo de 2017

El pino




Una nube verde posada a un tronco, como si el cielo hubiese dejado caer sobre la verticalidad de la madera el algodón verde. Si te acercas veras la pinaza puntiaguda que puebla el árbol y pincha el aire, la nube se transforma en pequeñas espadas dobles agrupadas en ramilletes. Hay que alejarse para verlo como vapor de árbol, nube tintada. Y es esa paradoja la que te incita a pasear bajo él y recolectar las piñas caídas, los piñones diminutos que posados sobre el suelo nacerán de nuevo convertidos en el árbol que ahora te aloja a su sombra. El pino y su imagen, tan algodonosa de lejos, tan puntiaguda de cerca

miércoles, 10 de mayo de 2017

Une Jeune Fillete

Caminaba despacio, aun con los problemas del trabajo enredados en la cabeza, pensando si habría apagado el ordenador, si habría llegado a tiempo el mail, si … Cuando empecé a escuchar la canción “Une jeune fillete”, la que suena en la banda sonora de “Tous les matins du monde” arreglada por Jordi Savall,  y a medida que avanzaba se iba haciendo mas audible. Anduve balanceándome con su cadencia, hasta que vi a un músico callejero con un violín interpretándola. Al pasar a su lado rebusqué en la cartera y le deje unas monedas.
El chico era atractivo , rubio, delgado, no muy alto, se parecía al principito de Saint Exupery, y me sonrió. Seguí caminando despacio escuchando la música que me traía recuerdos de épocas mejores, de cuando estudiaba y compartía piso con amigas y poníamos ese cd para concentrarnos, de la película que me encantó por aquel entonces. La música revolvía épocas pasadas trayéndomelas al presente como si fuera un caramelo envuelto en papel de colores, y poco a poco iba desenvolviendo el regalo encontrando más sorpresas a medida que lo iba saboreando , momentos en que la vida era una promesa.
Seguí caminando hasta que se me ocurrió que podía comprarme el cd que vendía el músico, y volví sobre mis pasos. Me paré delante de él y le dije que quería uno. Él me contestó que había vendido muy pocos, que esa ciudad era poco generosa.  Pensé que podían seguir las sorpresas tiñendo el día, y me dije atrévete a invitarle a comer, total estas sola y nadie te espera. Y así, después de remolonear un poco, con las mejillas arreboladas, le dije que le invitaba al bar de al lado. El chico me miró divertido y dijo que esperase, que aún tenía música en el repertorio. Yo me quede allí plantada, deleitándome con sus notas y los nervios frunciéndome el estómago, hasta que dijo que total a esas horas pasaba poca gente, que sí, que se dejaba invitar.
Le llevé a un bar de menús al que solía ir cuando no tenía ganas de cocinar, y le pedí al camarero que pusiera el cd, y entre la música y la comida casera empezamos a hablar. Se llamaba Pedro y se había recorrido toda España tocando,  ahora esperaba irse a Francia ese verano, donde apreciaban su música. Me habló de las diversas ciudades que había recorrido, de cómo en Barcelona hasta se presentó a una prueba de selección para tocar en el metro durante el invierno, y ganó la plaza, pero cuando llegó el buen tiempo le apetecía conocer mundo, y se lanzó a las carreteras.
 Yo le conté mi vida rutinaria en la oficina como administrativa, mis clases de francés y de baile,  los recuerdos de tiempos mejores que me traía la canción. Comentamos la película que los dos habíamos visto.
Tras la sobremesa se despidió no sin antes pedirme el teléfono y volvió a tocar en su esquina.
Yo volví al trabajo y al salir, con la emoción acunándome las tripas, le llamé y le invite a cenar a mi casa. Entre risas y copas de vino acabamos revolviendo las sabanas juntos entre caricias y suspiros.
Al día siguiente me desperté y no estaba. Desayuné con hambre de león, y después fui a leer los periódicos por internet. Pero el ordenador no estaba en su sitio. Lo  busque por toda la casa, revolví cada rincón, hasta que llegué a la certeza de que se lo había llevado  Pedro, y me sentí como una rana sin agua, como un león sin sabana, como una nube sin agua.
 A partir de aquel día me cuidé muy mucho de invitar a extraños a mi casa. No hablaba con desconocidos, y hasta que no tenía referencias de alguien no los invitaba a subir. Odié la canción, rayé y tiré el cd que le había comprado a Pedro. Seguí con mi trabajo y mi vida pero mas desconfiada y huraña. Mis amigas me decían que a quien se le ocurría invitar a un desconocido que me lo merecía, mi madre me llamó tonta, y mis amigos tarareaban la canción para hacerme rabiar. Me sentía estúpida como una factura sin precio.
Pasé una temporada arrastrándome a la oficina, sin ganas de salir a conocer gente, alicaída y mustia , una planta sin agua.
Pasó el tiempo y un día al cabo de muchos  meses llamaron al timbre, miré por la mirilla y era un desconocido, estuve a punto de no abrir pero me enseñó el logotipo de una empresa de paquetería, me dejó una caja que no había pedido , lo abrí con curiosidad, era un ordenador mucho mejor que el que me habían robado, pensé que se habían equivocado, pero al encender el aparato vi que estaba la canción que había escuchado aquella tarde y una entrada para un concierto en Francia, sonreí pero no le hice caso.
A partir de aquel día una vez al año y coincidiendo con las fechas en que nos conocimos me llama Pedro, me pone la canción y me pide perdón. Me dice que ahora tiene dinero y se lo puede permitir, pero que entonces andaba sin un duro para viajar a Francia , y que sabía que me lo podría devolver en cuanto le salieran unos bolos. No he ido a Francia, pero vuelo como en globo rozando las nubes escuchando las notas y esbozo una sonrisa  cada vez que me llama. He vuelto a comprarme un cd con su música que ahora venden en la tienda, y me pierdo ensoñando las notas a pesar de la letra de la canción.