lunes, 29 de mayo de 2017

Agua

Vino del desierto, de las jaimas , las dunas de arena y el sol impenitente La acogimos en Palencia unos meses. Era pequeña y dulce como el té Saharaui de su tierra, tenía ocho años. Jugó con mis hijos a correr y a saltar, a bañarse en la piscina.
Antes de volver a su país le preguntamos que quería llevarse de España, nos imaginamos que sería aquella muñeca que tanto le gustaba o el camión de juguete del que no se separaba, pero no, su respuesta fue una sorpresa, nos dijo que quería llevarse el grifo, ese grifo del que manaba agua, el grifo de beber y lavarse sin tener que andar hasta la fuente como hacía en su tierra, el grifo que llenaba la piscina y  regaba el verde del jardín frente a la arena yerma de su Sahara.
Porque el agua es vida, nos sacia y hace crecer plantas, lava la ropa y nos llega desde los pantanos por tuberías que nos acercan el líquido hasta casa, a la cocina y el baño, pero solo en algunos sitios.

Ahora , cuando me demoro en la ducha me acuerdo siempre delFatima y deseo que algún día puedan regresar a la zona ocupada por marruecos donde también el agua fluye por los ríos y hace crecer el verde, y que el campamento seco y árido solo sea un transito corto hacia el agua, que todo fluya como el líquido que ella tanto apreciaba.

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